Después a la -intención de- vuelta, te montas en tu barca-lancha que habías decidido traer en vez de pagar el dinero del barco, y sigues al barco de los demás (como hiciste en la ida, viaje que te pareció bastante corto) que empieza a dar vueltas y vueltas y vueltas hasta que te enviste y bajas cabreada de tu transporte esperando en el muelle que el capitán y otro hombre vestido igual y que también se encargaba del timón, desembarquen para pedirte perdón pero en vez de eso se rien en tu cara y se mandan un pedo (¿?), reacción a la que decides responder amenazando con una denuncia.
A partir de allí todo se va desvaneciendo: empiezas a buscar el zapato que había volado tras el accidente, vas al baño y oyes de fondo a tu madre hablando con tu tía y después se acerca al inodoro ocupado por tí y le gritas: mamá, ocupado; pero no te responde y sigue hablando con hermana (la 4). Te reunes con los que se quieren volver contigo antes de que zarpen los demás.
Vuelves a ratificarte en lo bonito de la isla y su archipiélago que se veía si echabas la vista más lejos, y te despiertas a las 7.30h de la mañana si poder volverte a dormir.
Te aprieta la vegija y mientras estás aflojándola piensas en cómo puede ser que estuvieras tan falta de sueño, que estés en un día de relax en el que no tienes que hacer nada y en cómo puede ser posible que no puedas dormir más y aquí estés, escribiendo en tu blog esta indignación que suele repetirse cuando debería y podría estar durmiendo y mi subconsciente se ha despertado como una lechuga fresca.



